En Matriarcas, la mujer mayor aparece como referencia de memoria y autoridad cotidiana en el ámbito gitano. La escena se reduce a gesto y presencia: el cuerpo sostiene un compás contenido, entre lo doméstico y lo ritual. El espacio, casi vacío, deja que la materia y la postura hagan el relato.
Al recoger la falda, lo cotidiano se vuelve ritmo. El rojo marca energía y perímetro, mientras la silla queda en segundo plano. La presencia se afirma desde el cuerpo.




